Obesidad y Desnutrición en México
Hace unos días asistí
a un foro organizado en la Cámara de Diputados, donde se trató el tema de la
transición alimenticia y nutricional en nuestro país -los problemas de salud,
como la obesidad y la desnutrición, fueron prioritarios en la discusión-.
México ha sido colocado entre los primeros lugares con estos serios problemas;
la población infantil con obesidad es la número uno, por encima de los Estados
Unidos, pues uno de cada tres niños presenta ya complicaciones relacionadas con
la mala nutrición.
La mala nutrición es una cuestión
multifactorial que atañe a varias disciplinas: indudablemente la nutriología y
la medicina, pero de igual forma a la demografía, sociología, economía,
política y administración pública. De acuerdo a proyecciones realizadas por
investigadores del Instituto Nacional de Nutrición, nuestro país podría
desperdiciar su bono poblacional en los próximos años a causa de que la gente
en condiciones para laborar presentará serios problemas de salud relacionados,
sobretodo, con la obesidad. Esto en el peor de los casos podría llevar al país
a una severa crisis, en la cual no habrá gente disponible para producir en las
distintas industrias.
El mismo modelo económico orienta a un
consumo innecesario de varios productos. Los niños son presa fácil y se ven
expuestos a la publicidad y a los productos saturados en azúcares. Es decir, el
neoliberalismo (aunque algunos no lo quieran ver) es responsable de que en
nuestro país coexistan la obesidad y la desnutrición. Es una vergüenza saber
que en comunidades indígenas es mucho más barata una Coca-Cola que un kilo de
frutas o verduras, y que en la ciudad los niños prefieran comer un producto
industrializado a ultranza antes que comida sana.
Los intereses de las empresas que ofertan
esta serie de productos son protegidos desde las altas esferas del poder; los
mismos diputados lo dicen: “Hay intereses que bloquean las leyes que se
necesitan para atender el problema como debe ser. No podemos contener los deseos
de incrementar ganancias”. Parece ser que el interés particular de algunos
cuantos se antepone al interés público; de ahí la necesidad de no esperar a que
las instituciones solucionen de todo el problema.
Nosotros como ciudadanos tenemos la
obligación de hacer conciencia de los riesgos que implican los malos hábitos de
alimentación. Comer frutas y verduras, alimentos que nos proporcionen calorías
suficientes al día; beber agua y hacer ejercicio diariamente son pequeñas
acciones que pueden hacer cambios significativos y que se verán reflejados en
indicadores a nivel mundial. En nuestras manos está atender el problema de la
obesidad a través de acciones preventivas, pues dentro de algunos años el
problema será muy tan grande que el sistema de salud de nuestro país será
insuficiente para responder al problema con eficacia.
La desnutrición es dolorosa para nuestro
país que se dice estar de lleno en la modernidad. Sin embargo, el Estado tiene
la obligación de garantizar el acceso a la alimentación y, sobretodo, de crear
las condiciones para que las comunidades menos favorecidas tengan en su mesa
pan que comer.
Es inaudito que se haya abandonado al
campo, pues es la tierra la principal proveedora de alimentos. Por eso, el
gobierno (sobretodo a nivel Federal) debe implementar las acciones que se
consideren necesarias para atacar el desabasto de comida en México y llegue a
las poblaciones que lo necesitan. Entonces, hay dos cosas por hacer: prevenir
la obesidad con acciones que desde el hogar uno realice, y exigir al gobierno
que cumpla y no sirva a los intereses de unos cuantos.
Por Carlos Guadarrama
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