domingo, 22 de abril de 2012


Obesidad y Desnutrición en México

Hace unos días asistí a un foro organizado en la Cámara de Diputados, donde se trató el tema de la transición alimenticia y nutricional en nuestro país -los problemas de salud, como la obesidad y la desnutrición, fueron prioritarios en la discusión-. México ha sido colocado entre los primeros lugares con estos serios problemas; la población infantil con obesidad es la número uno, por encima de los Estados Unidos, pues uno de cada tres niños presenta ya complicaciones relacionadas con la mala nutrición.
       La mala nutrición es una cuestión multifactorial que atañe a varias disciplinas: indudablemente la nutriología y la medicina, pero de igual forma a la demografía, sociología, economía, política y administración pública. De acuerdo a proyecciones realizadas por investigadores del Instituto Nacional de Nutrición, nuestro país podría desperdiciar su bono poblacional en los próximos años a causa de que la gente en condiciones para laborar presentará serios problemas de salud relacionados, sobretodo, con la obesidad. Esto en el peor de los casos podría llevar al país a una severa crisis, en la cual no habrá gente disponible para producir en las distintas industrias.
       El mismo modelo económico orienta a un consumo innecesario de varios productos. Los niños son presa fácil y se ven expuestos a la publicidad y a los productos saturados en azúcares. Es decir, el neoliberalismo (aunque algunos no lo quieran ver) es responsable de que en nuestro país coexistan la obesidad y la desnutrición. Es una vergüenza saber que en comunidades indígenas es mucho más barata una Coca-Cola que un kilo de frutas o verduras, y que en la ciudad los niños prefieran comer un producto industrializado a ultranza antes que comida sana.
       Los intereses de las empresas que ofertan esta serie de productos son protegidos desde las altas esferas del poder; los mismos diputados lo dicen: “Hay intereses que bloquean las leyes que se necesitan para atender el problema como debe ser. No podemos contener los deseos de incrementar ganancias”. Parece ser que el interés particular de algunos cuantos se antepone al interés público; de ahí la necesidad de no esperar a que las instituciones solucionen de todo el problema.
       Nosotros como ciudadanos tenemos la obligación de hacer conciencia de los riesgos que implican los malos hábitos de alimentación. Comer frutas y verduras, alimentos que nos proporcionen calorías suficientes al día; beber agua y hacer ejercicio diariamente son pequeñas acciones que pueden hacer cambios significativos y que se verán reflejados en indicadores a nivel mundial. En nuestras manos está atender el problema de la obesidad a través de acciones preventivas, pues dentro de algunos años el problema será muy tan grande que el sistema de salud de nuestro país será insuficiente para responder al problema con eficacia.
       La desnutrición es dolorosa para nuestro país que se dice estar de lleno en la modernidad. Sin embargo, el Estado tiene la obligación de garantizar el acceso a la alimentación y, sobretodo, de crear las condiciones para que las comunidades menos favorecidas tengan en su mesa pan que comer.
       Es inaudito que se haya abandonado al campo, pues es la tierra la principal proveedora de alimentos. Por eso, el gobierno (sobretodo a nivel Federal) debe implementar las acciones que se consideren necesarias para atacar el desabasto de comida en México y llegue a las poblaciones que lo necesitan. Entonces, hay dos cosas por hacer: prevenir la obesidad con acciones que desde el hogar uno realice, y exigir al gobierno que cumpla y no sirva a los intereses de unos cuantos. 

                                                                                                Por Carlos Guadarrama
                                                                                     guadarramacc91@hotmail.com

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