CARTA A
LA CONCIENCIA
A qué tiempos de tanta indiferencia hemos
llegado, tiempos en los que es más fácil voltear la cara a mirar toda la
falacia en la que nos vemos envueltos; tiempos en los que es más fácil ganar
dinero a enriquecer la mente misma. Poco a poco los ideales de fraternidad han
sido enterrados por personas que se han vuelto cada vez más individualistas y
egoístas; poco a poco los ideales de la máxima hazaña de todos los tiempos, la
Revolución Francesa, aquélla que hizo arder a tantos corazones, la que extendía
sus raíces en la libertad, igualdad y fraternidad, se fue apagando.
En la revolución mexicana Emiliano Zapata
luchó hasta la muerte, con toda convicción y sin miedo alguno, por devolver a
los campesinos las tierras que los hacendados les habían quitado. En ningún
momento miró hacia atrás para rajarse o para tratar de lograr “por las buenas”
el recuperar el derecho de los suyos. Porque es diferente ser grillero a ser
revolucionario. El Caudillo del Sur no tuvo duda alguna al momento de lanzar el
Plan de Ayala, y seguir luchando hasta perecer, cuando se dio cuenta que las
palabras de Madero, el jefe de la revolución, se quedarían en simples promesas
vanas; cuando ese jefe fue el primer traidor de la Revolución Mexicana.
Hoy en día, estamos en una situación tan
crítica que no recordamos para qué se realizaron la Independencia y Revolución
Mexicanas; olvidamos las palabras de los ilustrados europeos del siglo VXIII,
ésas que nos exclamaban a gritos la igualdad social ante todo, las que proclamaban
la libertad del espíritu. Quizá no es que las hayamos olvidado, sólo caímos en
una especie de sueño mental profundo, en el cual olvidamos incluso leer las
principales obras, al menos, de los ya mencionados conspicuos: ¡cómo sería
posible realizar otra revolución como la del 68 si ni siquiera la cuarta parte
de los estudiantes actuales ha leído El Capital de Karl Marx! Qué digo libros…
¡al menos saber sus frases más celebres!
Pero, bien, es cierto que una revolución
de la magnitud, de tal magnitud, como las ya mencionadas, es casi inalcanzable
en la actualidad. Por lo tanto, la responsabilidad recae en todos los que
tenemos acceso a libros y a redes sociales: en ti y en mí, en quien lee este
escrito. La responsabilidad está en hacer una revolución en la propia mente y
ponerla en práctica para el progreso de la humanidad. ¿Qué pensarían Platón y
Sócrates de saber que pasamos horas pegados a una pantalla que nos ofrece
tanto, pero que, simplemente, nos encierra en un mundo banal? ¿Qué pensaría si
supieran que en 2012 se han dormido sus objetivos sociales para ser ultrajados,
para ignorar al prójimo!
Es hora de poner en práctica la
solidificación de la humanidad que el Maestro de América, José Vasconcelos, anhelaba férreamente. Es hora de buscar la verdadera libertad, la cual se
alcanzará mediante la ayuda a los demás, una ayuda que no espere nada a cambio. Sólo la consolidación del arte y la cultura en la mente de todas las personas, mediante la interacción de alter y ego, que consiste en tener empatía con los
demás, y, sobre todo, en la fraternidad que busca la hermandad y ayuda no
únicamente al núcleo familiar, sino también a aquéllos que están fuera de
éste.
Es triste saber que la gran parte de los
estudiantes mexicanos creen que llevan materias que “de nada le servirán”. Es
triste saber que la mayoría estudia una carrera sólo para tener un buen trabajo
y “vivir bien”. Es triste saber que aún hay personas que, autollamándose neonazis (aunque, como lo indica Vargas
Llosa, no sepan lo que eso signifique) asesinan y humillan a personas, simplemente, por sus características. Más triste aun, saber que, junto con la oligarquía, somos parte de la
culpabilidad que encierra a tantos millones de personas muriendo de hambre
diariamente en todo el mundo. Lo alegre del caso es saber que todavía quedan
muchas maravillas por crear, y que es tarea tuya y mía… ¡que es deber de todos
llegar a la verdadera civilización!
Por Dorian Torres
angel_gray25@hotmail.com
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